martes, 4 de junio de 2013

Las Dimensiones (Capitulo 1 El Triangulo parte 1)

Dicen que cada uno es el que forja su propio camino en el destino de la vida, pero, hay veces en el que simplemente por algo tu vida da un giro completo.

Esta es mi historia yo nací en San Cristobal (edo. Tachira, Venezuela) mi vida era la común para muchos, una familia unida con las propias tradiciones de cada familia grande y esas cosas. Yo siempre fui de una mentalidad algo curiosa me llegaba a levantar entre las 12 y 3 AM siempre y me sentaba en el pasillo de mi casa durante horas, inmóvil, en un estado de sonambulismo o algo así, recuerdo que siempre fui muy callado con las personas y siempre fui muy unido a mi familia sobre todo a mis padres, a mi hermana y a mis primas segundas.

Era el año 2001 como siempre me levantaba en altas horas de la noche y me sentaba en el pasillo como era común cuando entre en razón no fue como siempre que cuando reaccionaba iba de nuevo a acostarme, ya que cuando desperté fue con la silueta de alguna persona encapuchada, como cualquier otro niño grite y salí corriendo a mi cuarto, despertando a mis padres, cuando mi padre llego a mi cuarto me miro y me pregunto que ocurría y yo al darme cuanta de que el no había visto nada antes de entrar le dije que había tenido una pesadilla. No se como pero de alguna forma logre dormirme y cuando desperté de veras me llegue a cerciorar de que solo había sido un mal sueño.

El día transcurrió normal, como siempre, pero llego el momento de dormir y como siempre desperté a altas horas de la noche con la diferencia de que estaba en mi cuarto y estaba otra vez esa persona, esta vez me hablo y me dijo:

-No te Preocupes

De alguna forma sentí que de verdad no me iba a hacer nada y yo como el chico curioso que era pregunte, que pasaba a lo que el me responde:

-Eres alguien con un gran espíritu, te eh estado observando a nivel mental, a nivel espiritual y se que debes ser tu el que cargue con una gran responsabilidad.

Yo como era un niño no podía saber que ocurría pero seguí preguntando que era, y el me respondió

-Un poder que te conllevara a gobernar, a pelear y a proteger. Aunque no quieras tendrás que aceptarlo...

En ese momento todo se volvió oscuro como si estuviese dormido pero sin soñar nada.

Desperté en un desierto con una estructura circular sobre la sima de un barranco y al fondo una gran ciudad. Y una voz que me empezó a decir que bajara y explorara...

Luis Santander (Santpi23)

La Música otra forma de oírla

Cada quien vera lo que es la música a su propia forma de ver, y algunos aprenderán a oírla de otra manera mayormente aquellos que quieren olvidar algo o solamente acallar algo. Esta forma es mas usando el cerebro   que lo que hacíamos para oírla comunmente en el que el cerebro a base de cada nota, cada acorde pasa por todas partes del cerebro, es como una droga todo depende del ritmo tendrán un efecto diferente. Pero también tiene su riesgo.


Uno solo tiene que colocarse unos audífonos en un lugar donde no halla ningún ruido y empezar a pensar en lo que sea pero tiene que abrir la mente. Lo primero que ocurre es a imaginarte cualquier cosa fuera de tu voluntad seguido de escalofríos. Según la canción que sea con el rato empezaras a recordar momentos de la vida, hasta algunos que no pensabas desde hace muchos tiempo, después vendrá una sensación de poder y de ahí no pasara por los momentos.

Pero ahora cuando escuches cualquier canción o ritmo durante el día empezaras imaginarte cosas y a oír voces, que son los reflejos de tus propias facetas tu personalidad separada en entes distintos y cuando se duerma los sueños serán muy reales en muchos casos te levantaras a mitad de la noche exhausto como si se hubiese echo ejercicio o mucho esfuerzo. Las voces con el tiempo irán empeorando y te iras acostumbrando   pero si le tienes rencor a alguien ten cuidado con las perdidas de control por que se podrían generalizar a todos tus conocidos.


Empezaras a sentirte en una guerra, escucharas como disparos y explosiones a lo largo del día, cualquier cambio de humor se volverá un fuerte dolor de cabeza y entre otras muchas cosas mas. Y la única forma de que todo mejore sera oír música de tu gusto al menos 1 hora 3 o 4 veces al día todo depende del humor.


Luis Santander (Santpin23)

lunes, 3 de junio de 2013

Historias de Terror

Las historias de terror tal vez las historias mas antiguas de la historia humana y lo que a evolucionado junto a nosotros. Estas historias nacieron quien sabe cuando pero su propósito es asustar, que sea o no real quien sabe pero muchas tendrán su realidad puesto que no hay pruebas de que pudo pasar porque aveces lo sobre natural supera la lógica humana y las leyes mas valiosas de la ciencia.



Estas historias con el tiempo han evolucionado junto con todo pero en algo nunca cambiara y es que su origen siempre sera un escenario de un echo fatal o violento en donde sale a la luz las imágenes mas grotescas y el lado mas psicópata de la persona que invento tal historia o de la que fue testigo o perpetrador y en muchos casos la victima. Que en su afán de contar lo ocurrido se convierte en una historia conocida y en muchos casos fascinada por muchos de aquellos que les gusta investigar sobre estos echos


Algunos de que llevan tiempo en esto sabrán lo que es realidad o ficción en el caso de que lo ocurrido no haya sido por obra del hombre. Ya que este tipo de echos son reales cuando a mas de una persona, en un lugar al azar en el globo, en un momento sea en un lugar y en el otro lado del mundo ocurre lo mismo.

Estos fenómenos según la ciencia son imposibles pero lo imposible se a vuelto posible a lo largo de los años lo que pasa es que aun no le encontramos explicación y quien sabe tal vez nunca se llegue a encontrarle una pero algo es seguro y es que este tipo de cosas siempre ocurrirán cada día de lo que dure la existencia del hombre.

Luis Santander (Santpin23)

Ickbarr Bigelsteine

Cuando era un niño tenía pavor de la oscuridad. Todavía lo hago, pero cuando tenía más o menos seis años no podía pasar una noche entera sin llorar para que alguno de mis padres buscara debajo de mi cama o en mi armario a cual fuera el monstruo que pudiera estar esperando para comerme. Incluso con una luz de noche todavía veía figuras oscuras moviéndose en las esquinas de mi habitación, o caras extrañas mirándome desde la ventana. Mis padres hacían lo que podían para consolarme, diciéndome que era sólo una pesadilla o una ilusión óptica provocada por la luz, pero en mi joven mente estaba seguro de que al momento que cayera dormido, las cosas malas me iban a atrapar. La mayoría del tiempo me escondía debajo de las frazadas hasta estar lo suficientemente cansado como para dejar de preocuparme, pero de vez en cuando sentía tanto pánico que corría al cuarto de mis padres, despertando a mi hermano y hermana en el proceso. Después de un calvario como ése, no habría manera de que alguien tuviera una buena noche de sueño.
Eventualmente, tras una noche particularmente traumatizante, mis padres se hartaron. Por desgracia para ellos, entendían bien la inutilidad de discutir con un niño de seis años, y sabían que no podrían convencerme de dejar a un lado mis miedos a través de la lógica y la razón. Tenían que ser ingeniosos.
Fue idea de mi madre confeccionar a mi pequeño amigo para la hora de dormir.
Juntó muchos pedazos de tela surtidos con su máquina de coser y creó a quien yo más tarde llamaría «Sr. Ickbarr Bigelsteine», o «Ick» para abreviar. Ick era lo que mi madre llamaba «un monstruo de medias». Estaba diseñado para protegerme mientras dormía por la noche, asustando a todos los demás monstruos. Ickbarr tenía un aire a un Frankestein en versión gremlin, con ojos grandes y blancos hechos de botón y orejas de gato caídas. Sus pequeños brazos y piernas estaban hechos con un par de medias rayadas en blanco y negro que pertenecían a mi hermana, y la mitad verde de su cara estaba hecha de una de las medias altas de fútbol de mi hermano. Su cabeza podría ser descrita como bulbosa, y por boca mi mamá le había cosido un pedazo de tela blanca, y bordado en forma de zig-zag una amplia sonrisa de dientes afilados. Lo amé desde el primer momento.
De ahí en adelante, Ick nunca se separaba de mi lado. Así que cada noche a la hora de dormir, me diría dónde se escondían los monstruos y yo lo colocaba en el área de mi cuarto más cercana a lo macabro. Si había algo en el armario, Ick bloqueaba la puerta. Si había una extraña criatura rasguñando la ventana, apoyaba a Ick contra el vidrio. Si había una gran bestia peluda bajo mi cama, bajo la cama lo ponía. Algunas veces, los monstruos se escondían en mis sueños, e Ickbarr tenía que venir conmigo a mis pesadillas. Era divertido traerlo a mi mundo de ensueño, ya que juntos pasábamos horas combatiendo demonios y fantasmas. La mejor parte era, que en mis sueños, Ick podía realmente hablarme. —¿Cuánto me amas? —me preguntaba.
—Más que a nada en el mundo —siempre le decía.
Una noche, en un sueño, después de perder mi primer diente, Ick me pidió un favor.
—¿Me puedes dar tu diente?
Le pregunté por qué.
—Para ayudarme a matar a las cosas malas —me dijo.
A la mañana siguiente mi madre me preguntó dónde estaba mi diente cuando bajé a desayunar. Por lo que me dijo, el «hada de los dientes» no lo había encontrado bajo mi almohada. Cuando le dije que se lo di a Ickbarr ella solamente se encogió de hombros y se regresó a alimentar a mi hermana pequeña. Desde ese momento, cada vez que perdía un diente se lo daba a Ick. Siempre me agradecía y, por supuesto, me decía que me amaba. Con el pasar del tiempo, sin embargo, me quedé sin dientes de leche, y ya me estaba poniendo un poco viejo para seguir jugando con muñecos. Así que Ick sólo se sentaba ahí, en mi estantería, acumulando polvo y ausentándose lentamente de mi atención.
Pero las pesadillas se volvieron peores. Tanto que empezaron a seguirme mientras estaba despierto, atemorizándome en cada rincón oscuro o arbusto que se movía. Luego de una noche particularmente mala volviendo de la casa de un amigo en bicicleta, y en la que podría haber jurado que una jauría de perros rabiosos me estaba persiguiendo, llegué a casa para encontrar que alguien me esperaba en mi habitación. En mi cama, de pie y completamente erguido ante la luz de la luna, estaba Ickbarr. Al principio pensé que mis ojos estaban jugándome bromas de nuevo, como lo habían estado haciendo toda la tarde, así que traté de prender y apagar las luces. Lo hice de nuevo, con ningún cambio. Me estaba empezando a poner nervioso.
Comencé a retroceder hacia la puerta, sin quitar mis ojos de la silueta de Ick; mi mano estirada incómodamente, buscando el picaporte. Estaba a punto de irme a la mierda de ahí cuando escuché que la puerta era azotada contra su marco, dejándome encerrado en la oscuridad. En nada más que sombras y silencio.
Hasta que escuché una voz familiar y estridente. —Dejaste de alimentarme; ¿por qué debería protegerte?
—¿Protegerme de qué?
—Déjame mostrarte.
Pestañeé una vez y todo cambió. Ya no estaba en mi habitación, estaba en… otro lugar. Una especie de bosque, un lugar horrible, de pesadillas, donde partes de fetos abortados colgaban del follaje, y el suelo estaba infestado con insectos carnívoros. Una niebla espesa inundaba el aire con un olor a carne podrida, mientras luces de un verde amarillento parpadeaban en el cielo oscuro. Mi cabeza empezó a palpitar como si estuviera a punto de explotar, porque en mi mente, escuchaba la voz de nuevo.
—Esto es lo que tu realidad será sin mí.
Sentí unas pisadas que hacían temblar la tierra, aproximándose rápidamente.
—Soy el único que puede pararlo.
Estaba detrás de mí ahora, enorme y enojado.
—Dame lo que necesito, y lo haré.
Me desperté antes de poder darme vuelta.
Al día siguiente revisé el armario de mis padres buscando los dientes de leche de mi hermano, y se los di todos a Ickbarr. Casi inmediatamente después de ello las pesadillas terminaron, y estaba relativamente en condiciones de seguir con mi vida normal.
De vez en cuando, me metía en la habitación de mi hermana y robaba lo que estaba destinado al hada de los dientes, o estrangulaba a uno de los gatos de la vecina para quitarle sus pequeños incisivos. Cualquier cosa para alejar las visiones. También comencé a notar que Ick se movía en mi cuarto cada vez que yo me iba, reordenando mis cosas y adicionando más cortinas. Se veía más vivo, de alguna forma. En la luz correcta sus dientes podían verse brillando y se sentía tibio al tacto. Por más que esto me asustara, no podía juntar el valor necesario para destruirlo, sabiendo perfectamente a dónde eso me llevaría. Así que continué recolectando dientes para Ick a lo largo de la secundaria y la universidad. Mientras más crecía, a más cosas aprendía a tenerle miedo y más dientes necesitaba Ick para mantenerme a salvo.
Ahora tengo 22 años, un trabajo decente, mi propio apartamento, y una colección de dentaduras. Ha pasado casi un mes desde la última vez que Ick comió y las pesadillas están empezando a acorralarme de nuevo. Tomé un desvío a través de un estacionamiento después del trabajo esta noche. Encontré a un hombre forzando la cerradura de su auto. Sus dientes estaban manchados de amarillo gracias a una vida de tabaco y café, y aun así, tuve que usar el martillo para extraer los molares. Cuando regresé a mi departamento él me estaba esperando. En el techo, en un extremo. Dos ojos blancos y una boca de navajas.
—¿Cuánto me amas? —me pregunta.
—Más que a nada —le contesto, sacándome mi abrigo—. Más que a nada en el mundo.